dijous, 17 d’octubre del 2013

Invictus

INVICTUS

En la noche que me envuelve,
negra como un pozo insondable,
doy gracias al Dios que fuere
por mi alma inconquistable.

En las garras de las circunstancias,
no he gemido, ni llorado.
Ante las puñaladas del azar, 
si bien he sangrado jamás me he postrado.

Más allá de este lugar de ira y llantos,
acecha la oscuridad con su horror.
No obstante, la amenaza de los años me halla,
y me hallará sin temor.

Ya no importa cuan recto haya sido el camino,
ni cuantos castigos lleve a la espalda.
Soy el amo de mi destino,
soy el capitán de mi alma.

William Ernest Henley

diumenge, 13 d’octubre del 2013

Grandes borrascas de palabras

Antonio Muñoz Molina
Que el Gobierno español participe destacadamente en un congreso de la lengua española, y un congreso además que se dice dedicado en particular al libro, parece sobre todo un gesto de humor negro. Estos congresos, a juzgar por la muy limitada experiencia que tengo de alguno de ellos, son sobre todo ocasiones para que las oligarquías políticas de los países de habla hispana se entreguen a celebraciones de la belleza y la pujanza del español que alcanzan espesores selváticos de palabrería. No hay discurso en el que no se den cifras triunfales sobre el número de hablantes de nuestra lengua, en particular sobre su avance demográfico en los Estados Unidos. Y ni siquiera faltan los oradores que aluden piadosamente a los millones de fieles que rezan en español. Estuve en el congreso de Cartagena de Indias, en 2007, y los discursos se sucedían sobre nuestras cabezas tan implacablemente como borrascas atlánticas, cada uno más entusiasta y florido que el anterior, con esa tendencia a la proliferación verbal y a las oraciones subordinadas que parece ya congénita en un idioma maleado durante siglos por predicadores religiosos, leguleyos fulleros y demagogos civiles o castrenses.
Que yo sepa, no hay congresos de la lengua inglesa, por ejemplo, y jamás he escuchado a ningún político americano o británico glosar su variedad y riqueza ni felicitarse por el número de sus hablantes. En Francia sí que hay más propensión a celebrar la lengua francesa, y hasta a adoptar medidas políticas de eficacia dudosa para limitar el contagio del inglés. Pero es que en Francia, a diferencia de en España o de cualquier país de habla española, hay una conciencia muy clara del valor real de la lengua como fuente de prosperidad y como indicio de civilización.
Ahora parece mentira, pero hubo un tiempo, no hace mucho, en que estuvo de moda en nuestro país mirar a Francia un poco por encima del hombro, como un país que se había quedado antiguo, rancio, estancado. Mientras tanto nosotros nos modernizábamos aceleradamente, bien con la murga de la “movida”, que sigue mereciendo ponencias en los congresos universitarios más lánguidos del Medio Oeste, o bien con aquel dinamismo que en 2003, cuando la invasión de Irak, nos puso del lado de aquellas dos lumbreras, George W. Bush y Tony Blair, muy por delante de lo que Donald Rumsfeld, Dick Cheney, Wolfowitz y otros héroes del belicismo civilizatorio y la desregulación financiera llamaban tan desdeñosamente “la vieja Europa”. Bastaba darse una vuelta por Francia, entrar a una librería, ver desde fuera la arquitectura de uno de esos lycées formidables, charlar en un aula con el profesor de literatura y con un grupo de alumnos, para comprobar la solidez de unas diferencias que cada día se van agrandando.
Con mayor o menor acierto, con éxito desigual, las élites políticas francesas actúan con la plena conciencia de que la salud del idioma es inseparable del estado de la educación y de la cultura, y forma parte del equipaje de la ciudadanía. Las élites, por llamarlas de algún modo, españolas, y una gran parte de las latinoamericanas, cultivan la retórica del español y al mismo tiempo hacen todo lo que pueden por perjudicarlo. Unas veces lo hacen a conciencia; otras por inercia o estupidez. En aquel congreso, cuando a mí también, qué remedio, me llegó el momento de dar un discurso, dije que el enemigo del español no era el inglés, sino la pobreza, y que la importancia de un idioma no se mide con cifras, porque todas las lenguas son iguales en su capacidad para nombrar y relatar el mundo, y porque lo que cuenta es el grado de bienestar, de educación, de creatividad y pluralismo político de quienes lo hablan. Que unos cincuenta millones de personas declaren el español como lengua natal en el último censo de los Estados Unidos puede llenar de orgullo a los nacionalistas de la lengua, en una época en la que proliferan nacionalistas de casi cualquier cosa. Lo que hará falta saber es cuál es el grado medio de bienestar de esos hablantes, cómo es el cine, la radio, la televisión que se dirigen a ellos, cuál es su índice de lectura de libros, qué calidad y qué difusión tienen los periódicos en los que se informan, cuántos llegan a la universidad, qué posición social se reconoce al idioma, cuál es su presencia y su visibilidad verdadera en la cultura y en el debate público del país.
Me temo que de esos datos no se hablará mucho en el congreso. Las élites latinoamericanas son tan aficionadas a la retórica del español como a la del indigenismo, pero su horizonte intelectual suele situarse en los shopping malls de Miami. En nuestro país, la ineptitud general y la negligencia de otras épocas ha dado paso, con este Gobierno, a una beligerancia vengativa. En el congreso de Panamá el príncipe y el ministro de Educación y Cultura y demás autoridades competirán entre sí a ver quién segrega más palabrería untuosa sobre el español. Pero desde hace años, metódicamente, con toda la saña del ignorante hacia el saber y todo el resentimiento casi genético de las clases dominantes españolas hacia la ilustración, el Gobierno central, y los Gobiernos regionales y Ayuntamientos que le son afines, parecen empeñados en debilitar y hasta eliminar cualquiera de las formas de creatividad y de conocimiento que se hacen en nuestro idioma. Han arruinado los teatros y los cines subiéndoles insensatamente los impuestos. Han castigado a los maestros y a los profesores de la enseñanza pública reduciéndoles los sueldos y obligándoles a dar clase en aulas superpobladas. Han destruido una gran parte del tejido de investigación científica que costó tanto levantar. Han ahogado a las revistas culturales eliminando suscripciones a las bibliotecas públicas, tan castigadas en sus presupuestos que muchas veces ya no pueden permitirse la compra de libros nuevos. Han seguido permitiendo la impunidad de la piratería, sumiéndonos más aún en un descrédito internacional que perjudica más aún la imagen ya penosa de nuestro país, y que además contribuye al enriquecimiento de esas compañías de telecomunicaciones que ofrecen luego puestos tan bien remunerados a los exministros. (En esto hay que reconocer que el mérito no les pertenece en exclusiva: la izquierda es tan culpable como la derecha de cultivar la demagogia de lo gratuito). Subvencionan el fútbol, las corridas de toros, las fiestas más brutales, los casinos, la fabricación y la venta de coches: pero no hacen nada por defender una industria del libro que es la más importante del mundo en español y por lo tanto crea riqueza y puestos de trabajo. En Francia la izquierda y la derecha se unen para poner límite a los abusos insolentes de Amazon y defender las librerías: en España, el presidente de la Comunidad de Madrid inaugura oficialmente el almacén de Amazon.
Quizás el ministro de Educación y Cultura aproveche su asistencia al congreso del español en Panamá para enorgullecerse del logro más sólido de su mandato: la declaración de la fiesta de los toros como bien de interés cultural. Es una vieja tradición de la carcundia española. Fernando VII ya cerró universidades y fundó escuelas de tauromaquia.

dimarts, 24 de setembre del 2013

La ciencia

La ciencia - Rosa Montero (El País, 24 de septiembre de 2013)

No se puede decir que España sea un país con vocación científica. Somos ricos en artistas plásticos y escritores, en artes temperamentales e imaginativas. Pero lo de cultivar rigurosamente el intelecto no se nos da bien: pensadores pocos, y científicos poquísimos. Y a los que hay, cantazo en la cabeza y al extranjero. En 2012 la fundación BBVA publicó un estudio sobre el conocimiento científico que comparaba a 11 países, 10 europeos, entre ellos España, y Estados Unidos. Quedamos los últimos, por supuesto. Un bochornoso 46% de los españoles no supieron nombrar a un solo científico. Vamos, es que no atinaron ni con Einstein. Nuestra sociedad arrastra un miedo cerril a la ciencia que es producto de la ignorancia. De hecho, durante años los intelectuales españoles han hecho gala de su acientifismo, como si fuera un orgullo no tener ni idea de lo que es la entropía. ¡Pero si hasta Unamuno soltó esa frase lamentable del “que inventen ellos”!
Pues bien, sobre esos polvos estamos preparando ahora los lodos de un desastre científico definitivo del que ya no podremos recuperarnos jamás. Hasta que empezó la crisis, nos creíamos una sociedad moderna y rica e incluso la ciencia empezaba a levantar un poquito la cabeza, aunque nuestro presupuesto en I+D seguía a años luz de la media europea. Pero, desde 2009, esa miseria presupuestaria se ha recortado un 40%. Más aún: el dinero que finalmente han recibido los científicos ¡ha sido menor que el presupuestado! La investigación en España está al borde de la quiebra más absoluta. Y todo esto ante cierta indiferencia general. O sea, no nos movilizamos por este tema como (con razón) por la sanidad pública. Y, sin embargo, perder esta oportunidad de tomar el tren de la ciencia hundirá nuestro futuro durante muchas décadas. Qué responsabilidad ante nuestros hijos.

dimecres, 11 de setembre del 2013

Café con leche

Elvira Lindo

El español es ese individuo que habla un mal inglés y que se ríe de otro que habla un mal inglés. Así podría resumirse nuestra sarcástica relación con los idiomas. Sarcasmo que se cura, en parte, cuando se vive fuera y se convive con compatriotas que luchan, como tú, por hacerse entender. Digo esto, ya saben, por la actuación de Botella, que ha centrado las burlas al suspenso que propinó el COI a la candidatura española. Lo nuestro es el humorismo, y más que analizar los factores que contribuyeron a la eliminación (cuando llevábamos días celebrando la victoria) nos hemos puesto a crear un hit musical, “Relaxing Café con Leche”, que lleva camino de convertirse en la canción del verano.
Pero más que el acento de Botella (he oído tantos como ese…) lo inaudito era la nadería del discurso; más que la pronunciación (he oído tantas…) sobrecogía la incontenible expresividad de una mujer que nunca se ha caracterizado por su simpatía. Botella siempre ha dado la impresión de ser una alcaldesa alérgica al pueblo. Lo que parece claro es que esas palabras transparentaban un mensaje nefasto: somos un país en crisis capaz de sustituir con alegría el dinero que nos falta, o de rectificar aunque tarde escándalos que han salpicado al mundo deportivo. No coló.
De cualquier forma, los que no nos habíamos puesto insensatamente a celebrar la victoria antes de ganar no sentimos tal decepción. En cambio, sí llevamos experimentando desde hace tiempo desesperación e impaciencia, porque Madrid necesita un estímulo para salir del abandono que padece: sucia, endeudada hasta las cejas y camino de que nos privaticen hasta la Cibeles. No se comprende por qué ese tipo de estímulo ha de ser siempre deportivo y no de otra naturaleza. El ayuntamiento de Madrid necesita con urgencia un gobierno a la altura de su gravedad. Ese sí que sería motivo de júbilo.


Aprenderé inglés

Espido Freire


O alemán. O chino. Resulta un misterio comprobar cómo la mayor parte de las personas menores de 40 años de este país han gastado años enteros estudiando inglés. Verbos irregulares. Phrasal verbs. Vocabulario. Pocos lo hablan; muchos menos lo hablan bien. Cuando un currículum indica que el nivel del sujeto es medio más vale no encontrarse en situación de comprobar cuál es su percepción de la medianía. Generaciones de filólogos ingleses hemos intentado descifrar el enigma de la sordera española para el inglés: pero lo cierto es que tampoco el nivel de inglés de los filólogos es como para quemar demasiada pólvora en celebraciones.
Los países nórdicos, con esa Finlandia que nos avergonzó en las evaluaciones europeas a la cabeza, hablan un inglés casi perfecto, con ciertas aspiraciones y guturalidades poco destacables. No doblan series ni películas en la televisión, pero el resto de los programas se emiten en correcto idioma nativo. Además, en España se escuchan tantas canciones en inglés que el efecto podría ser similar. Proceden las lenguas nórdicas y el inglés del mismo tronco común, pero curiosamente, no el finés, que es casi tan enigmático como el euskera. Lo mismo sucede con los habitantes de países del Este. Ellos no necesitan la inmersión, ni los cursos en el extranjero para hablar dos o tres idiomas. ¿Qué ocurre?
Falla el sistema pedagógico, como casi todo. Y falta algo esencial, que pocos métodos de aprendizaje tienen en cuenta: el uso del idioma por parte del hispanoparlante es casi siempre emocional. Por eso se olvida la fonética del italiano, o sus miles de verbos y se considera sencillo: es una lengua hermana en la intención.
El inglés resulta útil, como las ecuaciones, pero no se vive como un medio de expresión real. Ni tacos, ni dobles sentidos, ni diminutivos, ni abreviaturas, esenciales en el lenguaje cotidiano, pueden manejarse con rapidez en una nueva lengua. El estudiante se envara: privado de muletillas, es como si le cercenaran un brazo. Surge la vergüenza. No hablará, leerá como si se tratara de una fórmula. Y otro año más, su nivel se quedará en medio.

dimecres, 19 de desembre del 2012

Mira lo que leo... La casa de los espíritus de Isabel Allende

 

Capítulo 1.

  1. El texto comienza con un narrador en 1ª persona (cap. 1.1). ¿Podemos saber quien es la persona que narra?
    En el segundo   fragmento (cap. 1.2) continúa la narración en 1ª persona. ¿Crees que se trata del mismo narrador que antes? 
  2. ¿A qué movimiento social pertenece Nívea? ¿En qué momento histórico se sitúa, pues, el arranque de la narración?
  3. Lo “real maravilloso” es un rasgo de estilo que consiste en presentar como cotidianos elementos mágicos y sobrenaturales. ¿A través de qué dos personajes se hace posible esta normalización de lo fantástico?
  4. El Realismo Mágico comparte con el Barroco su gusto por la hipérbole. Busca algunos ejemplos de este recurso en el texto.
  5. El gusto barroco por el exceso se plasma no solo en la acumulación de imágenes bellas, sino también en la creación de cuadros de extrema crudeza. ¿Con qué impactante escena se cierra el capítulo?

dilluns, 26 de març del 2012

MIRA LO QUE LEO: EL CAPITÁN ALATRISTE DE ARTURO PÉREZ REVERTE

El capitán junto al joven Íñigo deciden ir a ver una representación teatral, en aquella época el teatro estaba muy bien visto y era lo más popular entre todas las clases sociales de la época, a las representaciones iban desde los pueblerinos hasta el mismisimo monarca, solo que este iba iemrpe vestido de incógnito. Allí ven a la famosa actriz Maria de Castro que según nos cuenta Íñigo más adelante tendrá algo con Alatriste.
De repente el capitán se da cuenta de que lo están siguiendo varios hombres, claramente, hombres enviados por el fraile. Alatriste empieza a ponerse nervioso y decide actuar porque eran unos cinco hombre contra él así que saca su espada y su daga vizcaína y empieza a luchar contra los cinco "hideputas" (que así es como los llamaba). En ese momento su buen amigo Quevedo saltó de entre el público y se puso a luchar junto a el capitán y para sorpresa de todos cuando el principe de Gales que también estaba viendo la actuación oyó el nombre de Alatriste salió espada en mano junto con el duque de Buckingham a luchar junto a Alatriste; mientras el joven rey Felipe no sabía que hacer hasta qeu por fin reaccionó y ordenó a sus hombre que pararan aquello inmediatamente.
Alatriste fué encarceldo y llevado nada más y nada menos que ante el conde de Olivares. Una vez allí el conde empezó ha hacerle preguntas sobre el incidente con los dos viajeros ingleses, ya que, sospechaba de na traición pero el capitán era demasiado astuto como para dar nombres, así que no habló y actuó con astucia; el que no fué tan listo fué un tal Luis de Alquézar que le dió al duque el nombre de fray Emilio Bocanegra como uno de los traidores que habían estado haciendo negocios a las espaldas de el rey.
Pero al final el privado le dijo a Luis que le diese 4 escudos a Alatriste como pago de sus servicios en Flandes y que se marchase, y para sorpresa de todos... el capitán Alatriste inexplicablemente volvió a salir ileso y encima con una carta firmada por el principe Carlos de que cualquier inglés que viese en apuros a Alatriste tenía la obligación de ayudarle.

Para acabar el libro, hay un pequeño epílogo en el que nos cuenta que el joven Íñigo tuvo un encuentro con Gualterio Malatesta y este le reconoció por ser el chico que vivía con Alatriste y se le quedó mirando y sus palabras fueron que tal vez debería acabar con él ahora que todavia era un chiquíllo, pero al final le dejó ir en paz.

En resumen el libro me ha gustado muchísimo y me ha dejado con ganas de más, creo que es un libro muy bueno y muy interesante, y animo a todos a que se lo leean!

diumenge, 25 de març del 2012

MIRA LO QUE LEO: EL CAPITÁN ALATRISTE DE ARTURO PÉREZ REVERTE

Como me temía los escrúpulos del capitán tuvieron sus repercusiones. El capitán estuvo varios dias alerta casi sin dormir por las noches con miedo por lo que le pudiera suceder y efectivamente paso lo que el temía... un atardecer fueron a buscarle unos alguaciles para llevárselo con ellos.
El capitán temiéndose lo peor tuvo que irse con ellos resignado a que su fin había llegado, por suerte para él el joven Íñigo Balboa les siguió con las armas del capitán para intentar ayudarle.
Una vez llegó el capitán a su destino se encontró con dos personas... con el fraile y con uno de los dos enmascarados ambos le dijeron claramente que había jugado con fuego y que por lo tanto debía morir pero para su sorpresa le dejaron ir sin hacerle nada. Pero por supuesto el capitán se olía que había gato encerrado y efectivamente cuando salió de la sala donde estaba estaban esperándole 3 espadachines por suerte allí estaba Íñigo con sus armas para ayudarle.
Se libró por los pelos y pudo volver a casa sano y salvo pero a partir de ese día siempre estuvo alerta y esperando que fuesen a matarlo.

Más adelante Íñigo se dedica a contarnos como era la corte española, todas las fiestas que hacían como era el rey y sobretodo que conoció por fin a la joven Angélica de Alcázar una joven de la corte que desde el primer día que la vio se enamoró locamente de ella.

El libro sigue gustándome muchísimo y tan solo me quedan por leer 2 capítulos ya veremos que le ocurre al capitán y a Íñigo con Angélica que no se porque no me da muy buena espina!